LA DEMOCRACIA CUESTA
Una apreciación periodística del Sr. Guido Lombardi en referencia a un requerimiento irónico en el aumento de los gastos de representación por parte de nuestros congresistas genero no solo la indignación y el rechazo a esta medida, sino el aliciente perfecto para atacar a toda la institucionalidad del sistema democrático, si somos honesto con justa razón.
Algo similar debió ocurrir en Francia cuando la monarquía justificaba el esplendor y brillo identificado con un poder absoluto , un poder que emanaba de Dios, sin importar los abusos, pobreza y explotación a que estaba sometido el pueblo, generando el incremento de la indignación popular que termino en sangre.
Hoy se defiende a la democracia como el mejor sistema de gobierno, aunque dentro del existan aspectos negativos que de manera suspicaz disfrazan aquellas injusticias a lo igual que en el siglo pasado, cargos de confianza excesivamente remunerados en todos los estratos de la institucionalidad democrática, especialmente los otorgados en forma desproporcional a todos los altos niveles de la dirección institucional.
Para justificar estos excesos se ha creado una cultura engañosa sobre el valor de esta democracia, la cual debemos tolerar en aras de un sistema que injustamente beneficia onerosamente a determinados sectores del poder, así el tráfico de influencias y corrupción se adhiere y se multiplica en los canales de toda la administración del estado.
Bajo estos principios ninguna democracia podrá respaldar su naturaleza eternamente, el hecho de aceptar este sistema bajo cualquier costo no ha traído buenos resultados en la población, entonces la desconfianza va creciendo paulatinamente en forma peligrosa, creando caudillos salvadores para una transformación que en realidad solo propicia el terreno perfecto para la subversión, cuyo desenlace tendrá un solo sacrificado, el pueblo.
Un sistema de gobierno con tantas imperfecciones e injusticias se aprovecha de la buena fe popular prefiriendo mantener este concepto democrático a fin de salvaguardar intereses particulares, pero en definitiva no es el ideal ni es la democracia que tanto se pregona como el mejor ideal de gobierno para una nación.
Conservar esta forma de vislumbrar en democracia, no solo es perjudicial sino falsa, la verdadera democracia aun con errores debería tratar de enmendar tales fallas no mantenerlas o acrecentarla, quitándose el sello del camino fácil para enriquecerse con los fondos del estado, fondos que al ser adquiridos de todo un país deberían tener un resultado tangible en beneficio de la nación.
Las premisas mas justificadas por el cinismo del poder es “siempre ha sido así, “ o Así es en tal cual lugar” premisas que no tienen ninguna relación con el correcto y lo deseable de una gestión, con lo que debe hacerse y lo que en realidad debería ser, no se trata de buscar un ideal perfecto en democracia esto nunca ocurrirá en ningún sistema de gobierno, pero es un deber democrático corregir y enmendar estas fallas, no solo por honestidad sino por un patriotismo que poco a poco se va esfumando, quedando el interés puramente monetario y beneficio individual de sus representantes.
La democracia cuesta, en todo caso no tendría que ser tan costosa, si existieran principios en sus miembros, tal como existió en el ideal de muchos de nuestros héroes siendo el orgullo nacional que tanto elogiamos, en este sentido agradezcamos el valor de estos hombres que dejaron a un lado los esquemas y siguieron un ideal desprendiéndose de todo valor monetario, cuyos frutos nos proporcionan los beneficios que hoy tenemos.
La democracia cuesta, “¡No!”, nosotros le damos valor monetario según el interés de sus representantes, esta podría ser mas autentica, más razonable si solo pudiéramos agregarle a sus miembros un poco de patriotismo.
Sofía Flores
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